UN paseo por la historia de la Didáctica y el Currículum

Toda historia es una elección. Y como resumir la historia de la evolución de la didáctica (o enseñanza) y el currículum (o programa de estudios) es tarea imposible, mejor hagamos una cosa: seleccionar varios momentos claves en esa historia, sin por ello insinuar que los sistemas de educación han evolucionado de manera lineal y clara. De hecho, en cada época hay un ecosistema de diferentes organizaciones educativas formales y no formales, y, además, en cada época conviven y se reconfiguran o combinan organizaciones de tiempos diferentes. Lo vemos hoy en día, donde aún perviven los centros escolares, herederos de las escuelas de educación pública del s. XIX, mientras que emergen nuevos formatos educativos (como los canales divulgativos de Youtube, o los eduinfluencers en redes sociales). 

La primera institución elegida es el nacimiento de las escuelas de filosofía en la escuela clásica (IV a C). Los ejemplos más memorables fueron la Academia de Platón y el Liceo de Aristóteles. En ambos casos, son lugares ubicados cerca de la ciudad pero también del campo, con espacios deportivos (el "gimnasio"). En ellos el maestro enseña a través del diálogo con sus discípulos, en un ambiente de convivencia en el que aprendices y maestro comen juntos, pasean, beben vino. El currículum le da una importancia especial a la matemática (en el frontispicio de la Academia de Platón dicen que había un lema grabado en piedra: "No entre nadie que no sepa geometría". Pero ese razonamiento abstracto se ponía al servicio del desarrollo de la sabiduría filosófica para descubrir "la verdad" oculta en la realidad. La metafísica, por tanto, era la ciencia fundamental. Y debía estar en relación con una virtud ética (la "areté") del buen comportamiento (equilibrado, contenido) y de la salud y vigor físico: "Mens sana in corpore sano".  Pensar y ejercitarse eran actividades más relacionadas entonces de lo que las consideramos ahora. Por eso a Aristóteles le gustaba especialmente dar clase mientras paseaba con sus discípulos. 

Restos de la Academia de Platón (s. IV A.C., Atenas)

Otro hito fundamental, ya en la Edad Media europea, fueron las escuelas monásticas, donde el abad transmitía las verdades reveladas de la Biblia y otros documentos religiosos (como el Comentario al Apocalipsis de San Juan, del Beato de Liébana) a la comunidad de monjes jóvenes y donde su ejercicio de escucha devota debía compaginarse con los rezos comunitarios y las muchas horas de copia a mano e ilustración de los manuscritos que llegaban al monasterio. Se aprendía, por tanto, por escucha y por imitación, en lo que podemos ver los orígenes remotos del hábito escolar de "tomar apuntes" en clase y la "memorización" como estrategia didáctica para promover la interiorización de los contenidos curriculares. 

Poco a poco empieza a consagrarse, en algunas universidades, un programa o currículum prestigioso, que combina los saberes de la Antiguedad clásica (Aristóteles, Cicerón, Horacio), la "cristianización" de esos saberes en las obras de los Padres de la Iglesia (San Agustín y Santo Tomás) y la influencia subrepticia de la ciencia área. Se conoce ese currículum como "las artes liberales" y estaba compuesto por el Trivium (gramática, dialéctica y retórica), y el Quadrivium (matemáticas, geometría, astronomía y música). 

Ilustración de una escuela monástica


Ilustraciones del Comentario al Apocalipsis
(Beato de Liébana, s. IX, Cantabria)

Esta tradición escolástica de los claustros medievales se transforma poco a poco con la revolución tecnológica y cultural de la imprenta (Guttenberg, mediados s. XV), que multiplicará el acceso al saber intelectual y favorecerá el nacimiento de la ciencia en las universidades (que emergen en la Edad Media pero se consolidan y expanden en el s. XVI y s. XVII): la astronomía empírica de Copérnico y Galileo; la física de Newton; la filosofía y el método experimental de Francis Bacon, los Derechos Humanos de Francisco de Vitoria y San Bartolomé de las Casas. 

Auge de las universidades europeas en los s. XVI y XVII

La clase magistral es la técnica didáctica dominante. Desde su mesa el profesor imparte su "lecture" o "cátedra (que etimológicamente significa "cadera", al estar el profesor sentado mientras enseña). El saber intelectual, no obstante, seguía en manos de una minoría letrada (la mayoría de la población seguía siendo analfabeta y se dedicaba a las actividades del campo), aunque cada vez era más común el acceso a la universidad de la burquesía, es decir, de personas cuyas familias se dedicaban a los oficios artesanales y el comercio. Eso genera un mayor dinamismo, intercambio de ideas, e iniciativas innovadoras y emprendedoras. 

En cuanto al currículum, en la universidad se desarrolla el germen de las disciplinas curriculares, entendidas como una secuencia ordenada y progresiva de contenidos de estudio que conforman un saber especializado. 

El siguiente salto a (casi) toda la sociedad, la creación de la educación pública, vino de la mano de otras revoluciones en el s. XIX: 
  • la Revolución industrial, que genera una clase proletaria que necesita ser instruida para hacerse más eficaz en sus labores;
  • la consolidación del Estado-nación, tras la lógica racionalista y anticlerical de la Revolución Francesa y el imperialismo de las potencias europeas (como el Imperio Británico), que necesitan formar una sociedad en un conjunto de conocimientos, valores y habilidades administrativas para el buen funcionamiento del nuevo orden estatal o imperial.
Escuela Victoriana (s. XIX)

Las escuelas, también, como es el caso de la escuela británica en época victoriana, se convierte en un centro de capacitación para aprender a leer, escribir y desarrollar un comportamiento cívico y un sentimiento de orgullo nacional. El uso de la pizarra (y los pizarrines infantiles) se vuelve un instrumento clave de enseñanza. Y las maestras o maestros están legitimados para emplear instrumentos de castigo con los que educar el control del cuerpo y la obediencia a la autoridad (las varas, los "bloqueadores de dedos", los capirotes de burro). 

El último momento a la revolución en la que estamos sumidos: la era de internet. La tecnología no solo como TIC, como herramienta de Información y Comunicación del conocimiento, sino como lugar, como espacio o red que permite conectarnos a nivel mundial, sin importar donde cada quien esté. El pizarrón cede su lugar a la pantalla con internet, el profesor y el libro de texto ya no son la única (ni tal vez la principal) fuente de conocimiento y consulta; y al aula le disputa la hegemonía a la educación en línea. 

Hackathon en línea organizado por el MIT (2020)

Aunque todavía el currículum escolar mantiene su vigencia (y en muchas profesiones el título de escolaridad y de grados y posgrados universitarios son requisito necesario para acceder al trabajo) aparecen y se expande otras maneras de aprender en la red, como el acceso a cursos gratuitos que ofrecen universidades de todo el mundo (en plataformas como Coursera, Edx), el consumo de contenido de influencers y divulgadores educativos de cualquier contenido en redes sociales (Youtube, Instagram, TikTok) o las redes profesionales en internet, entre otras muchas posibilidades de aprendizaje autodidacta y social en línea. 

El currículum, por tanto, deja de estar en manos de las instituciones educativas tradicionales y empieza a disgregarse y renovarse constantemente (los programas de estudios cada vez se rediseñan cada menos años y surgen nuevas titulaciones) y, en última instancia, cada vez es el sujeto el que puede construir su propio currículum y su Entorno Personal de Aprendizaje (Castañeda y Adell, 2013). 







Comentarios

Entradas populares