Teorías de aprendizaje: Conductismo, Cognitivismo, Constructivismo... y Conectivismo
Se atribuye a Arquímedes, el gran genio innovador de la Grecia clásica, la siguiente frase: "dadme un punto de apoyo y moveré el mundo". E inventó la palanca. Pues bien, la innovación didáctica y curricular de la educación infantil también depende, secretamente, de un punto de apoyo, de un palanca a partir de la cual decidir qué estrategias de enseñanza y qué objetivos de aprendizaje queremos poner en marcha con los niños/as: la teoría de aprendizaje.
De acuerdo a qué entendamos por aprender, y de cómo entendamos que funciona el aprendizaje podemos diseñar nuestra acción educativa. Sin el sustento de esa teoría nuestros programas y prácticas docentes pierden sentido, congruencia, capacidad de convicción. Pierden el eje a partir del cual tomar decisiones, la brújula que orienta nuestra labor. Por tanto, es importante conocer y discutir, al menos, algunas de las teorías del aprendizaje que han marcado la evolución de la educación en los últimos 50 años: el Conductismo (Watson y Skinner), el Cognitivismo (Piaget), el Constructivismo (Vygotsky) y el Conectivismo (Siemens). No están todas las que son, pero sí son todas las que están.
Faltarían, entre otras, la teoría del aprendizaje significativo de Ausubel, el aprendizaje por descubrimiento (Bruner), el aprendizaje experiencial (Kolb), la teoría de las inteligencias múltiples (Howard Gardner), la inteligencia emocional (Goleman), las comunidades de prácticas (Wenger), la educación dialógica (Freire), el aprendizaje ubicuo (Burbules). Eso sin olvidar los programas educativos derivados de la obra pedagógica de Freinet y su "método natural", de Steiner y sus escuelas Waldorf y de María Montessori y su método.
Conductismo
Aprender es cambiar una conducta y, como científicos conductistas (o "behaviouristas") de la educación (como Pavlov, Watson o Skinner), solo interesan aquellas conductas que podemos observar, medir, evaluar, aquellas solo, por tanto, que producen actuaciones claras. No es que no les interese lo que sucede dentro del cerebro o a nivel inconsciente, sino que toda esa complejidad de lo humano queda fuera de aquello que podemos entrenar o educar como maestros.
Desde esta perspectiva experimental, educar consiste en cambiar la conducta de los niños/as y de hacerlo, además, de forma consistente: creando hábitos. Y la pregunta que se hacen los conductistas está centrada en "cómo" transformar ese comportamiento. Algunas de sus reglas pedagógicas básicas son:
Reforzamiento. Reforzar las conductas deseables y disuadir los comportamientos indeseables. Esta técnica se basa en el descubrimiento central del conductismo: nuestras respuestas o acciones están condicionadas, asociadas a las consecuencias que han tenido en el pasado. Si el niño recibe algún incentivo o premio, tenderá naturalmente a repetirla. Si no recibe una respuesta negativa, tenderá a inhibir esa conducta.
Feedback inmediato. Ese reforzamiento ha de ser inmediato o casi inmediato, para que el cerebro del niño asocie la conducta a la consecuencia. Si el premio/castigo se demora en el tiempo esa asociación se debilita y pierde eficacia.
Observación/medición/evaluación. El cambio de las conductas (sea aprender un idioma o la tabla de multiplicar) debe ser sometida con la mayor precisión posible a un proceso de evaluación, para así determinar cuánto está progresando y cuánto necesita aún progresar. Con la tecnología actual, los datos que puede generar un proceso de aprendizaje son muy ricos y pueden ser automatizados (a través de aplicaciones digitales, o de test que están programados con analíticas de aprendizaje o con el uso de la inteligencia artificial).
Modelaje. La conducta del maestro sirve de modelo o ejemplo a imitar por los niños. Por tanto, el maestro debe cuidar qué dice, qué hace, cómo muestra la ejecución de una conducta, y pedir a los estudiantes que repitan esa operación verbal o matemática o física o del tipo de que sea.
Repetición. La construcción de buenos hábitos implica repetición: hacer algo una y otra vez, cada vez mejor, hasta automatizar ese comportamiento.
Cognitivismo
También recibe otros nombres, como teorías del "Desarrollo Cognitivo". Y el autor de referencia de esta corriente fue el suizo Jean Piaget.
A diferencia del Conductismo, esta teoría del aprendizaje está más enfocada en lo que sucede "dentro del cerebro", es decir, en los procesos u operaciones mentales (o "cognitivos", de ahí su nombre). No es sencillo saber cómo actúa el cerebro humano, cómo procesa los datos de su entorno, pero a través de la investigación podemos inferir qué es capaz de hacer y, además, podemos observar cómo evoluciona su capacidad a lo largo de la vida.
De esas investigaciones, Piaget llega a la conclusión de que nuestra cognición, nuestra inteligencia evoluciona y se va sofisticando para "adaptarse" al medio, que constantemente le ofrece nueva información. Lo hace a través de un movimiento doble: la asimilación (o integración de la información nueva en los esquemas mentales previos) y "acomodación" o reconfiguración (o evolución de esos esquemas para poder explicar mejor las diferencias). El ejemplo que puso en clase Jorge es el de un niño que solo se ha relacionado con su mascota, un pequeño caniche (Frenh Poodle), y que conoce por primera vez a un gran San Bernardo. Primero, asimilará el nuevo ser a la categoría o esquema de "perro", pues observa cómo se parece a su caniche (ladra, camina a cuatro patas, tiene un cuerpo similar). Pero después su cerebro tenderá a crear una nueva categoría, "raza de perro", para distinguir, dentro de la especie canina las diferentes tipologías de perro (pastor alemán, chihuahua, labrador, bichón maltés, etc.). Nuestra inteligencia, por tanto, madura, se vuelve más compleja, para poder interpretar el mundo y adaptarnos a él. Si no "asimiláramos" los datos de la realidad a nuestras estructuras previas de significación nos quedaríamos paralizados, confusos, ante la infinita riqueza y diversidad de lo real. Todo sería caos y novedad y viviríamos indefensos y atónitos, como bebés. Pero si no "acomodáramos" esos esquemas a las nuevas realidades, no podríamos entender el mundo ni adaptarnos a los infinitos cambios cotidianos de nuestra vida y viviríamos instalados en prejuicios rígidos que nos volverían seres obsoletos.
La observación de esos procesos mentales, además, sigue, según Piaget, cierta cronología, cierta maduración natural. De hecho, podemos distinguir una serie de etapas:
Etapa sensoriomotora (de los 0 a los 2 años). El niño desarrolla su capacidad de procesamiento sensorial y de actuación sobre su cuerpo. Comprende, además, la permanencia de objetos, aunque queden parcialmente escondidos o fuera del alcance de su percepción.
Etapa pre-operacional (de los 2 a los 7 años). Desarrolla el lenguaje y la capacidad para representar eventos o personas del pasado o del futuro (activa la memoria y la imaginación). Su pensamiento aún es fundamentalmente egocéntrico.
Etapa operacional concreta (de los 7 a los 11 años). Es capaz de realizar operaciones lógicas (reversibilidad, seriación, conservación, entre otras). Puede pensar una realidad dede diferentes puntos de vista, no necesariamente el suyo propio.
Etapa operacional formal (desde los 11 en adelante). Desarrolla los procesos superiores del pensamiento, como la resolución de problemas complejos, la deducción lógica a partir de hipótesis, el pensamiento abstracto.
El maestro inspirado en la teoría cognitivista del aprendizaje, por tanto, es alguien atento al funcionamiento de esos procesos mentales. Debe estimular, a través de ejercicios y actividades, el desarrollo de operaciones mentales concretas, las que en cada etapa de su maduración cognitiva puedan hacer los niños. Exigirles más de lo que su cerebro es capaz de hacer supone el riesgo de frustrar y sobrecargar el aprendizaje. No estimular su progreso supone el riesgo de frenar su evolución.
El maestro cognitivista ofrece a los niños oportunidades de exploración, manipulación, para que sea el niño quien haga el esfuerzo de resolver las tareas que se le plantean. El aprendizaje basado en problemas, en retos, el aprendizaje experimental, la gamificación, son técnicas didácticas que sintonizan muy bien con esta teoría.
Constructivismo
Desde Rusia, Vygotsky critica los excesos de una perspectiva cognitiva pensada de manera individual y universal. De acuerdo a sus observaciones el desarrollo cognitivo depende mucho de la interacción que los niños tienen con otros niños y adultos, y es mucho más flexible y diverso que lo que las etapas de Piaget sugieren.
La clave del aprendizaje, para Vygotsky, es el desarrollo del habla. Pero los niños adquieres ese lenguaje en un proceso de socialización, de manera que van "internalizando" aquello que escuchan en los otros, hasta que ese idioma exterior se vuelve un "habla interior y, con ello, se desarrolla paulatinamente la capacidad de pensamiento.
Ese aprendizaje se activa a partir del área de desarrollo próximo, es decir, de aquello que en cada momento podemos aprender a hacer mejor a partir de entrar en contacto con lo que otros saben hacer. Cuando observamos el desempeño excelente de alguien en alguna habilidad (por ejemplo, cuando hablan perfectamente un idioma que estamos empezando a aprender) esa complejidad y perfección nos queda aún lejos y nuestro cerebro tiende a no aprenderlo. Pero si escuchamos a alguien que no sabe aún hablar ese idioma pero que sí sabe crear frases un poquito mejor articuladas que las que somos capaces de producir, entonces nuestro cerebro sí incorpora esos elementos, sí se fija en aquello que sí somos capaces de adquirir en ese momento. Y así sucesivamente hasta construir una trayectoria de aprendizaje.
Por lo tanto, el aprendizaje entre pares, colaborativo, que nos permita socializar con nuestros iguales pero donde podamos internalizar aquello que otros hacen un poquito mejor que nosotros, ofrece el mejor ambiente de aprendizaje y estimula nuestra maduración.
Como maestros constructivistas, por tanto, debemos crear un ambiente de confianza entre los niños, de interacción social, de resolución en grupo de los ejercicios de aprendizaje, un ambiente comunicativo, donde todos puedan aprender de todos y donde el profesor identifique qué "andamiaje" o apoyo concreto necesita cada niño para dar el siguiente paso de aprendizaje, dentro de su área de su desarrollo próximo.
Conectivismo
En 2005, Siemens publica "Conectivismo, una teoría del aprendizaje para la era digital", afirmando que las teorías anteriores se han quedado obsoletas para explicar cómo empieza a funcionar el aprendizaje en una sociedad donde nos relacionamos y aprendemos a través de internet, del móvil, de "conectarnos" con una red de personas y de fuentes de información de escala global.
Para Siemens, aprendemos al desarrollar "redes" de interacción que nos proporcionan cierta información o conocimiento. Vamos eligiendo ciertos canales en Youtube, Instagram, Tik Tok; consultamos la información de ciertas apps; navegamos en el explorador a partir de ciertas búsquedas o bien "conversamos" con el Chat GPT de acuerdo a nuestros "prompts" o instrucciones. Con todo ello vamos formando parte de una red, como si fuéramos un nodo en relación con otros muchos nodos, de manera que quien aprende no es el sujeto solo sino la red misma. La inteligencia, por tanto, no solo es individual sino colectiva, y acceder a esa red, desarrollar nuestra propia red dentro de ella, marca las posibilidades de nuestro aprendizaje. Dime qué redes consultas, qué interacciones tienes en ellas, y te diré quien eres y quién puedes ser en el futuro.
El aprendizaje, por tanto, no es solo individual, como nuestro egocentrismo nos hace pensar, ni tampoco es exclusivamente humano. También las bases de datos, los programas, evolucionan y aprenden a partir de nuestra interacción con ellos. Seres humanos y tecnología conformamos cada vez una red interconectada y el futuro cabe supones que esa tecnología formará parte de nuestros cerebros y nuestros cuerpos. Seremos cyborgs.
No es una utopía o distopía futurista propia de películas como Blade Runner, Matrix o Black Mirrow. Es una realidad que ya viven, de manera radical, algunas personas o mejor dicho, algunos ciborgs, como Neil Harbisson, que "escucha" los colores a través de una antena incrustrada en su cerebro; o Manel de Aguas, que percibe datos complejos del clima, como la presión atmosférica, a través de unas alas insertadas a ambos lados del cráneo; o Moon Rivas, que a través de un sensor sísmico instalado en sus pies puede percibir los movimientos de la tierra.
¿Qué implica esta teoría para un educador infantil? De entrada, una mayor atención a los usos de la tecnología que los niños ya están haciendo, no desde una mirada sancionadora, tecnofóbica, sino como una plataforma de aprendizaje que puede ser también educada. Incentivarlos a crear, por ejemplo, sus propios "Entornos Personales de Aprendizaje" (Castañeda y Adell, 2013), para que cada niño desarrolle su propia trayectoria de aprendizaje, se vuelva más crítico con las redes digitales de las que empieza a formar parte y gobierne su propia ruta: construya su propia red. También nos impulsa a explorar las posibilidades de la tecnología, a estar atento a las apps, las redes sociales, la Inteligencia Artificial, y hacer que la escuela sea, poco a poco, un espacio de exploración y discusión del uso de esos ecosistemas digitales para el aprendizaje.
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