El maestro Kanamori y la Escuela Expandida: innovación didáctica y curricular
Después de revisar (¿de puntillas?), la didáctica y el currículum de diferentes momentos históricos de la educación en Europa es momento de incorporar el tercer sustantivo clave de la asignatura: innovación.
La palabra INNOVAR, etimológicamente, viene de IN-NOVA, es decir, hacer algo nuevo... y aplicarlo (IN, que es un prefijo que mueve el significado verbal a la acción). Es decir, innovar en educación no solo es "pensar" en nuevas formas de hacer educación, sino que incluye una vocación por llevarlas a cabo. Incluso hay teóricos que van más allá. Para que podamos hablar de innovación la novedad debe ser valiosa, de algún modo, para quienes participan en ella.
Lankshear y Knobel (2008) ponen un ejemplo de lo contrario. Ellos le llaman "vender vino viejo en botella nueva". Es decir, podemos cambiar algo, pensando que estamos "innovando" nuestras clases, sin que esa novedad signifique ningún cambio significativo de la experiencia educativa. El ejemplo que ponen es el del profesor que utiliza Power Point en lugar de utilizar la pizarra en el aula... pero ese uso de la tecnología digital no necesariamente trae consigo nada diferente, no tiene por qué aportar nada valioso. Y si no genera esa mejora de la enseñanza o del aprendizaje, ¿podemos en sentido estricto calificar ese elemento nuevo como innovación?
Ahora bien, estos mismos autores también señalan que en ocasiones se trata de un proceso. Primero incluimos una nueva tecnología o añadimos un nuevo elemento en el currículum (por ejemplo, en lugar de hablar de "temas" empezamos a hablar, según la nueva jerga del programa educativo oficial en España) de "situaciones de aprendizaje". Y no cambia sustancialmente nada en la manera en que damos la clase. Pero poco a poco, ese cambio empieza a generar expectativas diferentes de nuestro trabajo (por ejemplo, hablamos con un colega que hace "proyectos" en sus clases de Primaria); o a medida que usamos el Power Point empezamos a crear más figuras y diagramas o a insertar imágenes o a insertar videos en él. Pasamos, por tanto, a una fase diferente, donde la innovación inicial, superficial, abre posibilidades de explorar cambios en nuestra pedagogía. Y en esa exploración vemos que hay cosas que no nos funcionan con los niños, pero otras que sí. La innovación, por tanto, es un proceso, y las experiencias pedagógicas y curriculares fallidas, son parte de esa evolución.
Innovar, cambiar, transformar, mejorar, renovar, reformar..... son verbos que a veces comparten un mismo apetito de evolución. Así que antes de asomarnos a experiencias educativas innovadoras es necesario pensar qué queremos decir cuando hablamos de "innovación", qué significa, qué implica. De lo contrario, la presión por "innovar" seguirá afectando nuestra profesión como educadores sin que sepamos para qué estamos innovando, cómo lo podemos hacer, qué podemos o queremos innovar y de qué manera podemos aprender a ser mejores docentes.
Veamos dos ejemplos de innovación, uno más centrado en el Currículum y otro en la Pedagogía.
- Se expande el currículum, pues desborda las fronteras de lo que el Ministerio de Educación dictamina que ha de ser aprendido en ese nivel educativo, para enriquecerse desde las necesidades de aprendizaje y los contenido de enseñanza de los propios estudiantes. El currículum, en este caso, no está pensado "de arriba a abajo" (top-down education), sino de "abajo a arriba" (bottom-up education); es decir, se "extrae" o infiere desde lo que los estudiantes saben o hacen, de forma implícita, y se busca que esos saberes se hagan explícitos, construyan un programa vivo.
- Se expande el espacio y tiempo educativos, pues desborda los muros de las aulas, del propio instituto y los horarios de las clases para desarrollarse paulatinamente también en el barrio, en la comunidad social más amplia en la cual la escuela se inserta.
- Se expanden y reconfiguran su rol los agentes educativos: los profesores más que "enseñar" un programa, son quienes apoyan la iniciativa (asistentes) y quienes vinculan los contenidos del programa oficial a los talleres y actividades que los propios estudiantes desarrollan (es decir, asesores). Los estudiantes, a su vez, dejan de ser receptores y reproductores pasivos del conocimiento (es decir, meros estudiantes) para ser agentes pedagógicos (maestros).
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